Idiomas: Español · Català

902 355 055

Inicio > El Agua > ¿Son iguales todas las aguas?




Manantial de Sant Hilari

¿Son iguales todas las aguas?

No todas las aguas son iguales.


Dado que el agua es un gran disolvente y un medio para todo tipo de vida microscópica, el ambiente donde se encuentre o la composición de la tierra por donde se filtre condicionaran sus propiedades. El agua que corre por la superficie tiene mucho más riesgo de contaminación microbiológica ó química que la que se filtra por la tierra y es depurada por las capas de suelo.


Por otro lado, el agua que se filtra hacia el subsuelo tiende a disolver una pequeña parte de los minerales de las zonas por donde pasa y, en este lento proceso, si llega a capas profundas consigue una composición mineral muy estable que depende del tipo de terreno que atraviese: calcáreo, granítico, etc.


Respecto a las aguas superficiales, también se ha comentado que siempre tienen un riesgo de estar afectadas por agentes biológicos ó químicos procedentes de la actividad humana ó simplemente de la vida animal de la superficie terrestre.


Los manantiales de surgencia espontánea que encontramos en la naturaleza también tienen un cierto riesgo, aunque mucho menor, de estar afectados por las mismas razones que lo están las aguas superficiales. Este riesgo disminuye si el manantial tiene un perímetro de protección donde no se realizan actividades industriales y actividades agrícolas o ganaderas. También disminuye el riesgo si estos manantiales proceden de capas freáticas profundas. En muchos casos estos manantiales son controlados por las autoridades sanitarias que clausuran, o advierten claramente, de la no potabilidad de un determinado manantial.


En conclusión para asegurar que un agua es permanentemente potable hay que llevar a cabo controles químicos y microbiológicos rigurosos y sistemáticos y hay que desarrollar una estrategia de protección de la cuenca de recepción del manantial, que prevenga de los posibles factores externos procedentes fundamentalmente de la actividad humana.


El otro método, para asegurar que un agua es potable consiste en potabilizarla. Es decir, efectuar tratamientos físicos, químicos y biológicos que aseguren que se ha eliminado todo rastro de elementos nocivos. El inconveniente de esta técnica es que hay que controlar muy rigurosamente los residuos del tratamiento para garantizar la salubridad a largo plazo.


Habitualmente tiene dos orígenes: el agua corriente del grifo o bien el agua envasada. Cualquier otro origen, no tiene las garantías que proporcionan los mencionados.